viernes, 6 de marzo de 2015

Con pseudónimo violeta:A las que intentaron hacer desaparecer

Fueron desconocidas como tal. Por un nombre sepultado bajo el peso de la falontocracia; por un pseudónimo, por ser ellas, y no ellos. La literatura quería olvidarlas, pero no pudo permitirse el lujo de dejar fuera del tradicionalista mundo de las letras  a aquellas escritoras que bajo un nombre de guerra masculino tuvieron que  ejercer su derecho a soñar; su derecho a escribir.  Hablamos por ejemplo, de Fernán Caballero, mejor conocida como Cecilia Bölh; las hermanas Bronte, Amundine Aurore Lucine Dupin; cuyo prolongado  alias se vio achicado por la sombra de un tal  George Sand.  Algunas incluso, malvendieron su nombre, como sucedió con la dramaturga María Lajárrega, que canjeó su apelativo por la firma de su marido, Gregorio Martínez Sierra a cambio de falsas caricias.
Con la representación teatral, “Con psudónimo violeta”, se dio voz a estas escritoras olvidadas por su nombre en femenino. Los bailes y la música, hicieron de un texto enciclopédico, contado con la naturalidad del tradicional stand up comedy, una unión de elementos no mal cohesionados, aunque, en la interpretación se echó en falta huir de la lectura del cuaderno cuando se contaban las vidas de las literatas.


La compañía de teato Dreamshow ha demostrado que la  lucha feminista se puede contar bailando y provocando risas. Con la obra “Con pseudónimo violeta”, se ha dado voz a aquellas escritoras, “que no pudieron hablar, que no pudieron soñar. A aquellas a las que solamente quisieron esconder”. 






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