Hoy ha sido un día de respiro para Verónica y Cristian. La comisión judicial ha decidido aplazar el desahucio de esta familia con tres hijos adolescentes, en parte gracias a la presión ejercida por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH). La Policía ha identificado a Cristian y después se ha marchado. Seguramente volverán otro día, pero, por hoy, ya basta.
«Estuvimos hasta ayer por la noche esperando la llamada de la abogada para que nos comunicara qué iba a pasar con nosotros. Cuando nos dijo que no nos iban a quitar la casa, por fin respiramos», explica Verónica.
Sin embargo, la familia ha decidido no rendirse. Viven con la incertidumbre de no saber qué ocurrirá cuando la Justicia resuelva definitivamente su caso. Por ello solicitaron ayuda a la PAH, por si finalmente tenían que enfrentarse al desahucio. Como afirma Cristian, «no nos fiamos de los juzgados porque apenas nos han dado explicaciones sobre nuestra situación». Aun así, conservan algo de esperanza.
«Nosotros lo llevamos de otra manera porque sabemos que estamos con Dios y, gracias a Él, hemos podido encontrar a gente tan buena dentro de la PAH que nos ha ayudado», expresa Verónica con una sonrisa.
Cristian y Verónica son de Rumanía. En 1999, Cristian llegó al municipio madrileño de Coslada. Allí dejó de lado su carrera como veterinario para trabajar en el auge de la industria inmobiliaria. «En aquel entonces ganaba unos 2.000 euros trabajando en la construcción», confiesa.
Poco después llegó Verónica desde Rumanía. Ella estudió peluquería, aunque actualmente está en paro y se dedica al cuidado de la casa. Tras instalarse en Madrid, más tarde se trasladaron a vivir de alquiler a una vivienda del barrio de Carrús, en Elche. Tiempo después tomaron la decisión que cambiaría sus vidas: hipotecarse para comprar un piso valorado en 140.000 euros.
En aquel momento podían asumir el pago de una hipoteca de 900 euros mensuales. Sin embargo, con el estallido de la crisis sus ingresos fueron disminuyendo y se vieron obligados a renegociar la deuda con el banco.
«Nos pidieron que pagáramos 400 euros de hipoteca y nosotros no podíamos hacerlo. Entonces nos dijeron que abonáramos la cuota completa de aquel mes y que ya se vería qué ocurría al siguiente, porque así demostrábamos más seriedad», explica Verónica.
En noviembre del año pasado, su banco -EVO banco- llamó a su puerta para comunicarles que perdían la vivienda. «El banco nos quitó la casa y nos permitió seguir viviendo en ella de alquiler, pero ahora quiere vender el piso y nosotros no tenemos adónde ir», cuenta.
Su vivienda sale ahora a subasta por 43.000 euros, un 70 % menos de lo que costó cuando la compraron.
Verónica y Cristian todavía no saben cuál será su futuro. Son conscientes de que esta historia aún no ha terminado. Por el momento, seguirán luchando para conseguir, al menos, un alquiler social.